Irán presentó una contrapropuesta al plan de paz impulsado por Estados Unidos para poner fin a la guerra en Oriente Próximo, una oferta que incluye el manejo iraní del estrecho de Ormuz y que fue rechazada rápidamente por Donald Trump.
Según medios internacionales, la respuesta iraní plantea condiciones como el levantamiento de sanciones económicas, la liberación de activos congelados, garantías de seguridad regional y un nuevo mecanismo de control sobre el estratégico estrecho de Ormuz.
Trump calificó la propuesta como “totalmente inaceptable” y aseguró que Washington no aceptará ningún acuerdo que permita a Irán aumentar su control sobre una de las rutas marítimas más importantes del mundo.
El estrecho de Ormuz conecta el golfo Pérsico con el océano Índico y por allí circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial. Cualquier alteración en la zona tiene impacto inmediato sobre los mercados energéticos internacionales.
Desde el inicio de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, el tránsito marítimo en Ormuz ha sufrido bloqueos, ataques con drones e interceptaciones de barcos, provocando tensión en el comercio global y fuertes aumentos en los precios del petróleo.
La propuesta iraní también incluiría compensaciones económicas por daños de guerra, el fin del bloqueo estadounidense y mecanismos para evitar nuevos ataques contra territorio iraní. Teherán defiende que sus condiciones son “legítimas y razonables” y sostiene que cualquier acuerdo debe reconocer su influencia regional y garantizar estabilidad en el golfo Pérsico.
Sin embargo, Washington insiste en que el programa nuclear iraní sigue siendo el principal obstáculo. Trump reiteró que Estados Unidos no permitirá que Irán conserve capacidad para desarrollar armas nucleares.
La situación ha complicado además la posición de los aliados occidentales. Países europeos y miembros de la OTAN mantienen cautela frente a una posible escalada militar directa en la región.
En paralelo, mediadores como Pakistán, Qatar y Turquía continúan intentando acercar posiciones entre ambas partes para evitar una expansión mayor del conflicto. Durante los últimos días, Estados Unidos incluso suspendió temporalmente operaciones militares de escolta a barcos comerciales en Ormuz para facilitar las negociaciones diplomáticas.
El control del estrecho se ha convertido en el principal punto de disputa porque representa no solo una cuestión militar, sino también económica y geopolítica. Para Irán, Ormuz es una herramienta de presión estratégica; para Estados Unidos y sus aliados, garantizar la libre navegación es fundamental para la estabilidad energética mundial.
Las negociaciones entre Washington y Teherán continúan marcadas por profundas diferencias, mientras la comunidad internacional teme que un fracaso diplomático reactive completamente la guerra y provoque una nueva crisis global del petróleo.







