De modelo de crecimiento a “economía zombi”: la transformación de Perú por la crisis política, en un contexto en el que años de inestabilidad institucional han debilitado la capacidad del país para sostener su dinamismo económico y han puesto en duda su antiguo éxito.
El concepto de “economía zombi” describe a un sistema que sigue operando, pero sin generar el crecimiento esperado ni aprovechar su potencial. En el caso peruano, analistas vinculan este fenómeno a la crisis política sostenida que ha vivido el país desde el 2016 con múltiples cambios de gobierno, choques entre poderes del Estado y escándalos de corrupción.
A pesar de este entorno, Perú ha mantenido cierta estabilidad macroeconómica gracias a instituciones como su banco central y reglas fiscales relativamente sólidas. Sin embargo, organismos como el Banco Mundial advierten que la incertidumbre política reduce la inversión y limita el crecimiento de las economías emergentes.
Economistas señalan que la falta de continuidad en las políticas públicas ha frenado proyectos clave y generado desconfianza en el sector privado, lo que impacta directamente el ritmo de expansión económica.
Además, factores estructurales como la alta informalidad, la corrupción y la debilidad institucional han impedido que el crecimiento económico se traduzca en mejoras sostenidas para la población.
Por su parte, el Fondo Monetario Internacional ha insistido en que la estabilidad política es un elemento fundamental para el crecimiento sostenido, algo que en Perú se ha visto afectado en los últimos años.
En este contexto, el país no enfrenta un colapso económico, pero sí un estancamiento prolongado que cuestiona el modelo de crecimiento que durante años fue considerado un referente en América Latina.







