La detención de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos marca uno de los hechos políticos más impactantes en la historia reciente de América Latina y abre un escenario inédito de transición, tensiones geopolíticas y disputa interna por el poder en Venezuela.
La captura se produjo tras una operación militar ejecutada en Caracas, confirmada por el presidente estadounidense Donald Trump, quien aseguró que su país “dirigirá” el proceso venezolano hasta que se concrete una transición política “segura”. Maduro fue trasladado a territorio estadounidense, donde enfrentaría cargos vinculados a narcotráfico y crimen organizado.
Un quiebre sin precedentes en el poder venezolano
La detención de Maduro supone el colapso del liderazgo central del chavismo tras 26 años en el poder. Aunque el mandatario había sido cuestionado internacionalmente por la legitimidad de las elecciones del 28 de julio de 2024, nunca antes un presidente en funciones había sido arrestado mediante una operación directa de Estados Unidos.
Desde Washington, Trump sostuvo que la acción no constituye una invasión, sino una intervención dirigida contra una estructura criminal que, según acusaciones formales, operaba desde el Estado venezolano. “Nos vamos a asegurar de que Venezuela se gestione correctamente”, afirmó el mandatario, dejando abierta la posibilidad de una administración transitoria con fuerte tutela estadounidense.
¿Quién gobierna ahora Venezuela?
La salida forzada de Maduro deja un vacío de poder inmediato. De acuerdo con la Constitución venezolana, la vicepresidenta ejecutiva Delcy Rodríguez debería asumir el control del Ejecutivo. Sin embargo, su legitimidad es ampliamente cuestionada tanto dentro como fuera del país, debido a su cercanía con el núcleo duro del chavismo y a las sanciones internacionales que pesan sobre ella.
Rodríguez afirmó en cadena nacional que su gobierno “desconoce el paradero” de Maduro y de la primera dama Cilia Flores, y exigió a Estados Unidos una prueba de vida del mandatario detenido. Al mismo tiempo, anunció la activación de planes de defensa y seguridad en todo el país.
Junto a ella aparecen dos figuras clave: el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, y el ministro del Interior, Diosdado Cabello, ambos con amplio control sobre las Fuerzas Armadas, la policía y los aparatos de inteligencia del Estado. Analistas coinciden en que el poder real, al menos en las primeras horas tras la detención, se reparte entre estos tres actores.
Reacciones internacionales y tensión regional
La operación estadounidense generó reacciones inmediatas a nivel global. Rusia e Irán condenaron la detención y calificaron la acción como una violación al derecho internacional, mientras que varios gobiernos latinoamericanos expresaron posturas divididas entre el respaldo, la cautela diplomática y el rechazo frontal.
En Colombia, el presidente Gustavo Petro criticó la intervención, lo que provocó protestas a favor y en contra en Bogotá. En contraste, sectores opositores venezolanos y comunidades migrantes celebraron la caída de Maduro en ciudades de América y Europa.
El factor electoral y la oposición venezolana
La detención ocurre en un contexto de profunda crisis de legitimidad del régimen, tras las elecciones de 2024 en las que la oposición denunció fraude y presentó actas que daban como ganador a Edmundo González. La líder opositora María Corina Machado ha sido señalada como una figura clave en la transición, aunque Trump puso en duda que cuente con el respaldo suficiente para asumir el poder de inmediato.
Por ahora, no existe una hoja de ruta clara sobre cómo se articulará un gobierno de transición ni cuándo podrían convocarse nuevas elecciones bajo observación internacional.
Un país en pausa, a la espera de definiciones
Más allá del impacto político, la detención de Maduro deja a Venezuela ante desafíos estructurales profundos. El país enfrenta una economía devastada, instituciones debilitadas, una emergencia humanitaria persistente y el mayor éxodo migratorio de la historia de la región.
Mientras se define quién ejercerá el poder y bajo qué condiciones, Venezuela entra en una fase de alta volatilidad, con el foco puesto en la reacción de las Fuerzas Armadas, el comportamiento del chavismo residual y el rol que jugará Estados Unidos en las próximas semanas.
Lo ocurrido no cierra la crisis venezolana, pero sí redefine por completo el tablero político. El desenlace dependerá de si este quiebre abre la puerta a una transición democrática real o deriva en una nueva etapa de confrontación interna e inestabilidad regional.






