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La estructura que hoy se levanta en el parque más antiguo de Quito podría esconder varias capas de historia: un posible punto de observación prehispánico, un paisaje vinculado con la astronomía y una intervención municipal atribuida al jardinero Enrique Fuseau.
En el extremo noroccidental del parque La Alameda, en el centro de Quito, se encuentra una elevación recorrida por un camino en espiral. Los quiteños la conocen simplemente como el Churo.

Durante décadas, la estructura ha sido presentada como mirador, jardín, puesto de vigilancia, observatorio indígena, escenario de castigos e incluso como un lugar relacionado con la medición del meridiano de Greenwich.
Sin embargo, ninguna de estas versiones explica por sí sola todo lo que ocurrió en el lugar.
La investigación histórica disponible permite plantear una conclusión más compleja: el Churo que se observa actualmente probablemente fue construido o remodelado a comienzos del siglo XX, pero el emplazamiento pudo haber tenido usos y significados anteriores.
La historia del sitio no parece una línea recta. Se parece más a su sendero: avanza en círculos, superponiendo épocas, relatos y transformaciones.
La Alameda existía antes de ser parque
La historia oficial de La Alameda suele comenzar en 1596, cuando el Cabildo de Quito resolvió establecer un paseo público en el límite norte de la ciudad colonial.
Sin embargo, el territorio no estaba vacío.
Antes de la consolidación española, el sector era identificado mediante el topónimo indígena Chuquihuada, cuya traducción más difundida es “punta de lanza”. Algunas interpretaciones relacionan ese nombre con la forma triangular del terreno que posteriormente ocuparía el parque.
La existencia del topónimo constituye una evidencia de que el lugar ya era reconocido, nombrado y utilizado dentro del paisaje indígena.
No prueba, por sí sola, que allí se levantara una construcción ceremonial, militar o astronómica. Pero sí obliga a abandonar la idea de que La Alameda nació únicamente con la decisión del Cabildo colonial.
Durante siglos, el sector funcionó como borde de Quito. Desde allí se abría la planicie de Iñaquito y se articulaban rutas hacia el norte, Guápulo, los valles orientales y otros puntos de la hoya.
Esa posición convierte al lugar en un emplazamiento visualmente estratégico.
¿Existió un puesto de observación quitu?
Una de las tradiciones más persistentes sostiene que, antes de la construcción del Churo actual, el sitio habría sido utilizado por los quitus como punto de vigilancia militar o de observación astronómica.
La hipótesis tiene cierta lógica territorial. Desde una elevación ubicada en ese sector era posible controlar parte del acceso norte a Quito y observar la planicie de Iñaquito.
Las sociedades andinas utilizaron montículos, cerros, plataformas y otros puntos elevados para vigilar caminos, reconocer movimientos humanos y observar fenómenos astronómicos.
Eso no significa que toda elevación estratégica fuera necesariamente un observatorio ceremonial.
Hasta el momento, no se conoce un estudio arqueológico publicado que haya identificado bajo el Churo:
- muros prehispánicos;
- plataformas ceremoniales;
- cerámica en contexto estratigráfico;
- entierros;
- depósitos rituales;
- o estructuras atribuibles directamente a los quitus o a los incas.
Por esa razón, la existencia de un puesto de observación indígena debe considerarse una hipótesis plausible, pero todavía no comprobada.
La ausencia de evidencia publicada tampoco permite asegurar que no existió.
El montículo ha sido intervenido en varias ocasiones y es posible que parte de sus estratos originales haya sido modificada, cubierta o destruida.
El error de confundir el lugar con la estructura
Una de las claves para entender el misterio consiste en distinguir entre el emplazamiento y la forma visible.
Cuando se afirma que Enrique Fuseau construyó el Churo a comienzos del siglo XX, no necesariamente se está demostrando que antes no había nada en el lugar.
Fuseau pudo haber:
- levantado completamente el montículo;
- aumentado la altura de una elevación anterior;
- regularizado un terreno irregular;
- construido únicamente el sendero en espiral;
- o transformado un antiguo punto panorámico en una obra paisajística moderna.
La diferencia es fundamental.
Una estructura republicana puede levantarse sobre un espacio utilizado durante épocas prehispánicas, de la misma manera que numerosas construcciones coloniales y modernas de Quito se asentaron sobre territorios indígenas anteriores.
Antonio Flores Jijón y una atribución sin documento
Varias páginas turísticas atribuyen la construcción del Churo al presidente Antonio Flores Jijón, quien gobernó Ecuador entre 1888 y 1892.
La relación de Flores Jijón con La Alameda sí está documentada.
Durante su administración, el parque fue utilizado para la Exposición Nacional de 1892, organizada como parte de las conmemoraciones por los cuatro siglos de la llegada europea a América.
La exposición implicó adecuaciones, pabellones y transformaciones del espacio.
Sin embargo, hasta ahora no se ha localizado un decreto, presupuesto, contrato o acta municipal que demuestre que Flores Jijón ordenó construir el Churo.
La atribución pudo surgir porque varias obras ejecutadas en La Alameda a finales del siglo XIX terminaron asociándose con su gobierno.
Con el paso del tiempo, la memoria urbana pudo agrupar bajo un solo nombre intervenciones realizadas en momentos distintos.
La leyenda de los castigos y las ejecuciones
Otra versión afirma que el Churo fue utilizado para castigar o ejecutar a presos.
No existe evidencia documental conocida que confirme esa función.
La confusión podría estar relacionada con la presencia en La Alameda de una antigua columna vinculada con castigos públicos.
El parque conservó durante la época colonial y republicana distintos monumentos y elementos urbanos. Entre ellos existió una columna donde se habría castigado físicamente a infractores.
Con el paso de los años, la historia de esa columna pudo trasladarse al Churo.
No se ha encontrado una sentencia judicial, crónica, ordenanza o noticia antigua que indique que los condenados eran llevados hasta la cima del montículo.
La versión punitiva debe considerarse, por tanto, una leyenda probablemente originada en la mezcla de dos elementos patrimoniales diferentes.
Enrique Fuseau, el jardinero municipal
La hipótesis mejor respaldada sobre la configuración actual del Churo atribuye la obra a Enrique Fuseau, cuyo apellido aparece en distintas fuentes como Fuseau, Fusseau o Fusseu.
A diferencia de otras figuras asociadas con el monumento, Fuseau aparece documentado en registros municipales de comienzos del siglo XX.
Las gacetas y publicaciones del Municipio de Quito lo mencionan como jardinero responsable del cuidado y conservación de jardines públicos.
Su actividad se encuentra registrada durante la década de 1910, periodo que coincide con la fecha aproximada en la que distintas fuentes sitúan la construcción o remodelación del Churo.
Fuseau no habría sido simplemente un trabajador encargado de sembrar flores.
Los jardineros municipales de la época participaban en:
- trazado de caminos;
- modelado del terreno;
- diseño de jardines;
- introducción de especies;
- estabilización de taludes;
- construcción de miradores;
- y organización paisajística de parques.
Desde esa perspectiva, el Churo puede entenderse como una obra de arquitectura paisajística.
La tierra de la calle Luis Sodiro
Una versión ampliamente difundida asegura que el Churo fue construido con tierra proveniente del desbanque de la calle Luis Sodiro.
La explicación resulta técnicamente posible.
Las obras de apertura, nivelación o ampliación de calles generaban grandes cantidades de tierra y escombros. Transportar esos materiales fuera de la ciudad implicaba costos.
Reutilizarlos para levantar o ampliar una elevación dentro de un parque cercano habría sido una solución práctica.
También se ha señalado que se utilizaron residuos vegetales de La Alameda.
Es probable que esa versión se refiera a tierra vegetal, restos de poda o compost empleados en las capas superficiales del montículo.
Una estructura formada principalmente por materia orgánica habría sido inestable. Lo más lógico es que el núcleo estuviera compuesto por tierra y material mineral, cubierto después con suelo fértil y vegetación.
El dato todavía necesita ser respaldado mediante un expediente de obra, un informe municipal o un análisis geotécnico.
¿Cuándo se construyó el Churo actual?
La cronología exacta sigue abierta.
Algunas referencias sugieren que la estructura no aparece en determinados planos de Quito de comienzos del siglo XX. Si esa ausencia se confirma, el Churo habría sido construido o remodelado después de 1903.
Los registros municipales muestran que Enrique Fuseau continuaba trabajando en parques y jardines durante las décadas de 1910.
Con la evidencia disponible, una ventana cronológica razonable para la configuración actual sería aproximadamente entre 1903 y la segunda mitad de la década de 1910.
Esta fecha podría modificarse si aparecen fotografías, mapas o presupuestos anteriores.
La prueba definitiva sería localizar el primer documento que mencione expresamente al Churo, su construcción, sus materiales o el pago de los trabajos.
La Alameda como paisaje científico
El Churo no puede estudiarse de manera aislada del Observatorio Astronómico de Quito.
El Observatorio fue construido durante el gobierno de Gabriel García Moreno e inaugurado en la década de 1870.
A partir de ese momento, La Alameda no fue solamente un parque. También se convirtió en un centro científico vinculado con:
- astronomía;
- meteorología;
- geodesia;
- observación solar;
- medición del tiempo;
- y estudio del campo magnético terrestre.
En el entorno del parque coexistieron instrumentos científicos, jardines experimentales, monumentos y rutas urbanas.
La proximidad entre el Churo y el Observatorio pudo influir en las historias que relacionan al montículo con mediciones astronómicas.
¿Se midió desde allí el meridiano de Greenwich?
Uno de los relatos más llamativos sostiene que el Churo fue utilizado para medir el meridiano de Greenwich.
La frase necesita ser analizada con cuidado.
La Primera Misión Geodésica Francesa llegó al territorio de Quito durante el siglo XVIII para medir un arco del meridiano terrestre y contribuir al debate sobre la forma del planeta.
En ese momento, Greenwich todavía no había sido adoptado como meridiano internacional.
La Conferencia Internacional del Meridiano eligió Greenwich como referencia mundial en 1884.
Por lo tanto, no sería históricamente correcto afirmar que los científicos de la Primera Misión Geodésica llegaron a Quito para medir el meridiano de Greenwich.
Sin embargo, la tradición podría contener un núcleo real.
La Segunda Misión Geodésica y la coincidencia temporal
La Segunda Misión Geodésica Francesa trabajó en Ecuador entre finales del siglo XIX y comienzos del XX.
Para entonces, Greenwich ya funcionaba como referencia internacional.
La misión buscó repetir y mejorar las mediciones realizadas en el siglo XVIII mediante instrumentos y métodos más precisos.
Su actividad coincidió con tres elementos importantes:
- el funcionamiento del Observatorio Astronómico de Quito;
- la presencia de científicos franceses en la ciudad;
- y el periodo probable de construcción o remodelación del Churo.
Esta coincidencia no demuestra que el montículo fuera una estación geodésica.
Pero sí justifica investigar si fue utilizado como:
- señal visual;
- referencia topográfica;
- punto de orientación;
- estación temporal;
- lugar de observación;
- o elemento auxiliar de una triangulación.
Meridiano local no es lo mismo que Greenwich
La tradición oral pudo mezclar conceptos científicos diferentes.
Medir un meridiano puede significar determinar una dirección norte-sur, calcular un arco terrestre o establecer el paso de los astros por el meridiano local.
Calcular la longitud respecto de Greenwich es otra operación.
Los observatorios utilizaban instrumentos conocidos como círculos meridianos para registrar el momento en que las estrellas cruzaban el meridiano del lugar.
Es posible que expresiones como “meridiano de Quito”, “círculo meridiano” o “longitud respecto de Greenwich” terminaran condensadas en la frase popular: “desde el Churo se midió Greenwich”.
La actividad científica fue real. Lo que aún no está demostrado es que ocurriera específicamente sobre el montículo.
¿Era el Churo una plataforma adecuada?
Una estación astronómica de alta precisión necesita estabilidad.
Si el Churo fue construido con tierra de relleno y materia vegetal, no habría sido el lugar ideal para instalar instrumentos extremadamente sensibles.
El Observatorio Astronómico ofrecía bases más firmes y espacios diseñados para esas operaciones.
Por eso, la hipótesis más prudente es que las mediciones principales se realizaron en el Observatorio.
El Churo pudo haber servido, en el mejor de los casos, como referencia visual o estación auxiliar.
Para demostrarlo sería necesario revisar cuadernos de campo, planos y coordenadas de las misiones geodésicas.
El gallo de la cima
La figura del gallo asociada con el Churo es otro elemento poco estudiado.
El gallo aparece en distintas culturas como símbolo del amanecer, vigilancia, autoridad y orientación.
En la arquitectura europea fue utilizado con frecuencia como veleta en iglesias, torres y pabellones.
Su presencia en la cima de un mirador podría haber tenido una función ornamental o meteorológica.
La cercanía del Observatorio hace especialmente interesante esta posibilidad, debido a que allí también se realizaban mediciones del clima y del viento.
No se ha localizado evidencia que demuestre que el gallo representaba una divinidad indígena, la igualdad política o un código astronómico.
¿Una obra europea, indígena o híbrida?
El recorrido helicoidal del Churo recuerda ciertas obras de jardinería paisajística europeas de los siglos XVIII y XIX.
Los parques de aquella época incluían colinas artificiales, grutas, senderos sinuosos, miradores, laberintos y falsas ruinas.
El objetivo era producir una experiencia: el visitante caminaba, cambiaba de perspectiva y finalmente alcanzaba un punto panorámico.
El Churo encaja dentro de esa tradición.
Pero su emplazamiento dentro de un territorio indígena y su incorporación a un parque científico quiteño hacen que no pueda entenderse únicamente como una copia europea.
La estructura es probablemente el resultado de una mezcla:
- territorio indígena;
- urbanismo colonial;
- ciencia republicana;
- paisajismo europeo;
- y apropiación popular.
Lo que puede afirmarse y lo que sigue abierto
La evidencia disponible permite establecer algunos niveles de certeza.
Con respaldo razonable
Enrique Fuseau trabajó como jardinero municipal durante el periodo probable de construcción o remodelación del Churo.
La forma actual de la estructura corresponde probablemente a comienzos del siglo XX.
La Alameda fue un espacio científico estrechamente vinculado con el Observatorio Astronómico.
Probable, pero pendiente de documento directo
Fuseau diseñó o dirigió la construcción del sendero helicoidal.
Se utilizó tierra procedente de la calle Luis Sodiro.
El montículo fue levantado parcialmente con material de relleno.
Plausible, pero no demostrado
Existió una elevación anterior.
El sitio fue utilizado como punto de observación prehispánico.
El Churo cumplió una función auxiliar en trabajos topográficos o geodésicos.
Sin respaldo suficiente
Antonio Flores Jijón ordenó directamente su construcción.
El Churo fue utilizado para ejecutar condenados.
La estructura visible fue construida íntegramente por los quitus.
Desde su cima se midió directamente el meridiano de Greenwich.
Una hipótesis integradora
La explicación más sólida disponible es que el Churo representa varias épocas superpuestas.
El lugar formó parte de un territorio indígena conocido como Chuquihuada y pudo tener valor visual antes de la conquista.
Durante la Colonia, el sector fue transformado en límite urbano, potrero y paseo público.
En el siglo XIX, La Alameda se convirtió en un espacio científico con la construcción del Observatorio Astronómico.
A comienzos del siglo XX, Enrique Fuseau habría construido o remodelado el montículo mediante tierra proveniente de obras cercanas, dándole su recorrido helicoidal y su función de mirador.
La actividad científica del Observatorio y de la Segunda Misión Geodésica pudo originar posteriormente el relato que relaciona el Churo con el meridiano de Greenwich.
Esta reconstrucción no elimina las leyendas. Las coloca dentro de su contexto.
Las investigaciones que faltan
Para resolver definitivamente el origen del Churo sería necesario realizar un programa interdisciplinario que incluya arqueología, geología, historia urbana, astronomía y cartografía.
Entre las acciones prioritarias se encuentran:
- aplicar georradar en el montículo;
- realizar sondeos arqueológicos controlados;
- analizar la composición de los rellenos;
- revisar los informes de restauración del antiguo FONSAL;
- localizar contratos y reportes de Enrique Fuseau;
- revisar las obras de apertura de la calle Luis Sodiro;
- comparar mapas de Quito entre 1850 y 1920;
- buscar fotografías antiguas;
- consultar los archivos del Observatorio Astronómico;
- revisar la documentación francesa de la Segunda Misión Geodésica;
- y desarrollar un estudio arqueoastronómico del horizonte visible desde la cima.
Conclusión
El Churo de La Alameda no puede atribuirse con certeza absoluta a una sola persona, cultura o periodo.
La evidencia más consistente indica que su forma actual fue desarrollada a comienzos del siglo XX, probablemente bajo la dirección de Enrique Fuseau.
Pero eso no demuestra que el lugar careciera de historia anterior.
El topónimo Chuquihuada, la ubicación estratégica del sitio y la superposición urbana característica de Quito mantienen abierta la posibilidad de un uso prehispánico.
La relación con Greenwich tampoco puede aceptarse literalmente sin documentos. Sin embargo, podría ser el eco deformado de las verdaderas actividades astronómicas y geodésicas desarrolladas en La Alameda.
El Churo es, en ese sentido, más que un mirador.
Es un archivo construido con tierra, senderos y relatos. Debajo de su espiral podrían permanecer las respuestas que los documentos todavía no han encontrado.