La tensión entre Ecuador y Colombia sumó un nuevo capítulo este 21 de enero de 2026. El Ministerio de Energía de Colombia ordenó suspender las ventas privadas de electricidad a Ecuador, como reacción directa a la tasa de seguridad del 30 % a las importaciones colombianas anunciada horas antes por el presidente Daniel Noboa.
La decisión fue confirmada por Edwin Palma Egea, ministro de Energía de Colombia, quien calificó la medida ecuatoriana como una “agresión económica” que rompe los principios de integración regional. El pronunciamiento se realizó a través de su cuenta oficial en X y marca un giro inmediato en la relación energética bilateral.
Colombia revierte apertura al sector privado
Palma recordó que, hasta antes del anuncio de Noboa, Colombia había dado un paso para habilitar la participación de iniciativas privadas en la venta de energía entre países, precisamente para fortalecer la cooperación ante eventuales déficits eléctricos en Ecuador, relacionados con bajos niveles en embalses como Mazar o limitaciones en centrales estratégicas como Coca Codo Sinclair.
Sin embargo, tras la imposición de la tasa del 30 %, el ministro colombiano informó que ordenó desmontar esa resolución, dejando cualquier decisión futura sobre exportaciones eléctricas exclusivamente en manos del Gobierno del presidente Gustavo Petro.
Energía como herramienta de presión
Desde Colombia se subraya que el suministro eléctrico hacia Ecuador ha sido constante incluso en escenarios críticos. Palma afirmó que su país mantuvo exportaciones que superaron los 450 megavatios (MW) —cerca del 90 % de la capacidad de la infraestructura de exportación— aun cuando Colombia atravesaba la sequía hidrológica más severa de su historia, derivada del cambio climático.
El ministro insistió en que esa cooperación se sostuvo sin afectar el abastecimiento interno colombiano, y que incluso tras un atentado contra infraestructura eléctrica en el suroccidente del país, ocurrido en diciembre, se reconfiguraron circuitos para continuar enviando energía a Ecuador.
Un golpe sensible para Ecuador
La decisión colombiana toca un punto crítico. Ecuador no es autosuficiente en generación eléctrica y depende de un mix que incluye importaciones desde Colombia, alquiler de barcazas térmicas y sistemas de autogeneración.
Según datos del Operador Nacional de Electricidad (Cenace), entre el 1 y el 19 de enero de 2026 Ecuador importó en promedio 233 MW diarios desde Colombia, lo que representa el 52 % de la capacidad máxima disponible (450 MW). En términos regionales, Colombia provee entre el 8 % y el 10 % de la energía que consume Ecuador, de acuerdo con registros de exportación del operador colombiano XM y los acuerdos vigentes en la Comunidad Andina de Naciones (CAN).
Expertos advierten que, con la suspensión de ventas privadas, Ecuador podría quedar sujeto a decisiones políticas directas del Ejecutivo colombiano, incluyendo escenarios en los que solo se oferte energía térmica, hasta cuatro veces más caraque la hidroeléctrica.
Aranceles, sobretasas y riesgo de encarecimiento
A este escenario se suma otra advertencia: si la electricidad importada queda sujeta a la tasa de seguridad del 30 %, el costo final del suministro se incrementaría aún más, presionando las finanzas públicas y el precio de la energía en el país.
El debate interno ya está instalado: para algunos sectores, la medida de Noboa es una presión legítima ante la falta de corresponsabilidad regional en seguridad; para otros, se trata de un “autogol económico” que expone a Ecuador en un frente tan sensible como el eléctrico.
Llamado al diálogo, pero con líneas rojas
Palma cerró su pronunciamiento con un llamado a evitar medidas unilaterales y a priorizar el diálogo, advirtiendo que decisiones de este tipo terminan afectando directamente a las poblaciones de ambos países. No obstante, la orden de suspender las ventas privadas deja claro que Colombia ya empezó a usar el frente energético como mecanismo de presión.
Mientras tanto, Ecuador enfrenta un dilema complejo: sostener su postura de firmeza regional frente al narcotráfico y la seguridad, o recalibrar su estrategia para evitar impactos inmediatos en un sistema eléctrico que sigue dependiendo, en buena parte, del vecino del norte.






