América Latina y el Caribe mantendrán un crecimiento económico positivo durante 2026, pero insuficiente para mejorar de manera significativa los ingresos, el empleo y las condiciones de vida de su población. Las principales proyecciones internacionales ubican la expansión regional entre el 2,1% y el 2,2%, ligeramente por debajo del resultado alcanzado en 2025.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) estima que la región crecerá un 2,2% este año, mientras que el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) calculan una expansión del 2,1%.
Aunque estas cifras descartan, por ahora, una recesión regional, también confirman que América Latina continúa atrapada en un prolongado periodo de bajo crecimiento.
Según la CEPAL, 24 de las 33 economías de la región perderían dinamismo durante 2026. Solo siete países crecerían a un ritmo mayor que el año anterior y tres registrarían contracciones.
Cuatro años creciendo alrededor del 2%
De cumplirse las proyecciones, América Latina completaría cuatro años consecutivos con tasas cercanas al 2,3%. El problema no es que la región haya dejado de crecer, sino que lo hace a una velocidad demasiado baja para reducir las brechas de ingresos frente a otras partes del mundo.
El Banco Mundial advierte que el Producto Interno Bruto regional pasaría de crecer un 2,4% en 2025 a aproximadamente 2,1% en 2026. Con este desempeño, el ingreso por habitante prácticamente permanecería estancado.
El consumo de los hogares continúa sosteniendo buena parte de la actividad económica, pero con menor fuerza. Los salarios reales se recuperan lentamente, el crédito sigue siendo costoso y las familias enfrentan un entorno de precios internacionales más volátil.
La inversión, en cambio, continúa siendo uno de los principales puntos débiles. Muchas empresas han postergado decisiones debido a las elevadas tasas de interés, la incertidumbre política interna y los cambios en el comercio internacional.
América del Sur se desacelera
Las economías de América del Sur crecerían en promedio un 2,4% en 2026, por debajo del 2,9% registrado el año anterior. La desaceleración será generalizada, aunque el desempeño variará según la dependencia de cada país del petróleo, los minerales, los alimentos o el financiamiento externo.
Los productores de petróleo podrían beneficiarse de los precios energéticos elevados. Sin embargo, para los países importadores de combustibles, el encarecimiento de la energía significa mayores costos de transporte, producción y generación eléctrica.
El Fondo Monetario Internacional sostiene que el impacto será especialmente complejo en las economías con niveles altos de endeudamiento, reservas internacionales reducidas o una fuerte necesidad de financiamiento externo.
Centroamérica mantiene un mejor ritmo
América Central crecería alrededor del 2,2% si se consideran también las contracciones previstas en Cuba y Haití. Al excluir estas dos economías, el crecimiento subregional ascendería al 3,9%.
El desempeño centroamericano continúa apoyado por el consumo, las exportaciones, el turismo y el ingreso de remesas. Sin embargo, su cercanía económica con Estados Unidos también hace que estos países sean vulnerables a una eventual desaceleración estadounidense, modificaciones migratorias o cambios comerciales.
En el Caribe, la CEPAL calcula una expansión del 5,6%, impulsada principalmente por el rápido crecimiento de Guyana y su producción petrolera. Sin ese país, el promedio caribeño sería de apenas 1,2%.
La inflación vuelve a generar preocupación
Después de la reducción observada durante los últimos años, la inflación podría volver a tomar fuerza. La CEPAL proyecta que la mediana regional superará el 3% en 2026, frente al 2,4% registrado en 2025.
El aumento del precio del petróleo, los alimentos y el transporte internacional está trasladando nuevas presiones a los costos internos. Durante las primeras tres semanas de abril, el precio promedio del petróleo WTI se ubicó un 74% por encima del nivel registrado en diciembre de 2025.
Este escenario limita la capacidad de los bancos centrales para reducir las tasas de interés con mayor rapidez. Si la inflación permanece elevada, el crédito para empresas y hogares continuará siendo costoso, afectando la inversión, el consumo y la adquisición de vivienda.
El empleo crece, pero con menor fuerza
La generación de empleo también comienza a perder dinamismo. La CEPAL estima que el número de ocupados crecerá alrededor del 1,1% durante 2026, después de haberse incrementado un 1,5% en 2025.
El BID reconoce que el desempleo ha descendido en varios países y que los mercados laborales han mostrado resistencia. No obstante, buena parte de los puestos continúa concentrada en actividades informales, de baja productividad y con acceso limitado a protección social.
Este es uno de los principales problemas estructurales de la región: la economía puede crecer sin generar suficientes empleos formales ni aumentos sostenidos de los salarios.
Deuda alta y poco espacio para reaccionar
Las finanzas públicas representan otro desafío. De acuerdo con el BID, la deuda pública promedio de América Latina y el Caribe equivale actualmente al 59% del PIB.
El pago de intereses absorbe una proporción creciente de los presupuestos, reduciendo los recursos disponibles para infraestructura, salud, educación y programas sociales.
Esto significa que, ante una nueva crisis internacional, varios gobiernos tendrían poco margen para aumentar el gasto o aplicar estímulos económicos sin profundizar sus desequilibrios fiscales.
La región tiene oportunidades, pero necesita inversión
El panorama no es completamente negativo. América Latina posee cerca de la mitad de los recursos mundiales de litio, aproximadamente el 35% de las reservas de cobre y más del 20% de las reservas de tierras raras, minerales indispensables para la transición energética y la industria tecnológica.
La digitalización, la inteligencia artificial, las energías renovables y la relocalización de cadenas de suministro también representan oportunidades para atraer inversiones y crear nuevas industrias.
Sin embargo, la riqueza natural no garantiza por sí sola un desarrollo sostenido. Para convertirla en crecimiento, la región necesita reglas estables, instituciones confiables, infraestructura, formación técnica e integración comercial.
América Latina llega así a la segunda mitad de 2026 sin una crisis económica generalizada, pero tampoco con un verdadero despegue. La región ha demostrado capacidad para resistir los impactos internacionales; su desafío pendiente es transformar esa estabilidad en inversión, productividad, empleo formal y una mejora perceptible para los hogares.