Recreación de la destrucción de la antigua Riobamba tras el terremoto de 1797; no corresponde a un registro fotográfico real.
El sismo, considerado el más destructivo de la historia documentada de Ecuador, sepultó poblaciones, transformó el paisaje andino y obligó a levantar Riobamba en un nuevo emplazamiento. Las investigaciones actuales estiman una magnitud cercana a 7,6–7,7, aunque reconstrucciones anteriores la situaron en 8,3.
La mañana del 4 de febrero de 1797, un terremoto estremeció el centro de la entonces Real Audiencia de Quito. En pocos minutos, la Villa de San Pedro de Riobamba quedó destruida y extensas zonas de las actuales provincias de Chimborazo, Tungurahua y Cotopaxi sufrieron uno de los mayores desastres de la historia ecuatoriana.
La antigua Riobamba se encontraba donde hoy se levanta Cajabamba, en el cantón Colta. El movimiento derrumbó viviendas, iglesias y edificios públicos. Grandes deslizamientos descendieron de las montañas y cubrieron sectores completos, mientras aparecían grietas, hundimientos y fenómenos de licuefacción del suelo.
La violencia del terremoto también alteró la geografía de la región. De acuerdo con el Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional, colapsaron laderas, algunos valles quedaron parcialmente rellenados y varios ríos cambiaron de curso o fueron represados por la caída de materiales. Las réplicas continuaron durante meses y agravaron la destrucción.
Una cifra de víctimas difícil de establecer
No existe un balance definitivo de fallecidos. Los registros coloniales son incompletos y varias estimaciones posteriores mezclaron las muertes inmediatas con las ocasionadas por deslizamientos, heridas, hambre y enfermedades.
Una investigación publicada en Geophysical Journal International considera que murieron al menos 25.000 personas. Otras reconstrucciones históricas elevan el cálculo hasta aproximadamente 40.000. Por ello, lo más riguroso es presentar las cifras como estimaciones y no como un balance comprobado.
El desastre afectó especialmente a la población indígena, mayoritaria en las áreas rurales. Una investigación de la Universidad Nacional de Chimborazo sostiene que la respuesta colonial reprodujo las desigualdades de la época: las autoridades dieron prioridad a los bienes de la Corona y de los grupos dominantes, mientras numerosas comunidades indígenas quedaron desatendidas.
¿Fue realmente el terremoto más fuerte de Ecuador?
El terremoto de 1797 suele ser descrito como el más fuerte conocido en territorio ecuatoriano y durante años se le atribuyó una magnitud de 8,3. Sin embargo, esa cifra debe manejarse con cautela: en el siglo XVIII todavía no existían sismógrafos y la magnitud tuvo que calcularse siglos después mediante relatos de daños, documentos administrativos y transformaciones del terreno.
Un estudio sismológico publicado en 2010 estimó una magnitud equivalente de 7,6, con un intervalo probable de entre 7,5 y 7,9. Una investigación de la Universidad Central del Ecuador, presentada en 2021, propuso una magnitud de aproximadamente 7,7 Mw, una profundidad cercana a 11,5 kilómetros y un epicentro en las proximidades de Calpi.
La evidencia disponible relaciona el terremoto con el sistema de fallas de Pallatanga. Esta estructura atraviesa la región andina y puede producir grandes movimientos superficiales. La intensidad habría alcanzado los grados X y XI, correspondientes a destrucción extrema, en decenas de localidades.
Así, aunque no puede afirmarse con absoluta certeza que haya sido el sismo de mayor magnitud de Ecuador, sí está documentado como el terremoto más destructivo de los últimos cinco siglos de historia escrita del país.
Una ciudad obligada a trasladarse
Los daños fueron tan graves que los sobrevivientes consideraron imposible reconstruir Riobamba en el mismo lugar. El suelo había quedado fracturado, inundado y cubierto por los materiales desprendidos de los cerros.
Después de inspecciones, trámites y disputas sobre el nuevo asentamiento, la ciudad fue trasladada a la llanura de Tapi. El proceso culminó en 1799 y dio origen a la Riobamba actual. Las ruinas y vestigios de la antigua villa permanecieron alrededor de Cajabamba como testimonio de la catástrofe.
Más de dos siglos después, el terremoto de 1797 continúa siendo una advertencia sobre el riesgo sísmico de la región interandina. Su historia demuestra, además, que la magnitud de un desastre no depende únicamente de la energía liberada por la Tierra, sino también de la vulnerabilidad de las construcciones, la ocupación del territorio y las desigualdades que determinan quiénes reciben ayuda y quiénes quedan expuestos.
Fuentes consultadas: Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional, estudio sismológico publicado en Geophysical Journal International, libro histórico de José Egred alojado por FLACSO Andes, investigación geológica de la Universidad Central del Ecuador y estudio sobre la población indígena publicado en la revista Ñeque.