La relación entre Ecuador y Colombia atraviesa uno de sus momentos más tensos de los últimos años. La reciente decisión del presidente Daniel Noboa de imponer una “tasa de seguridad” del 30 % a las importaciones provenientes de Colombia, a partir del 1 de febrero, marca un quiebre en el discurso regional frente al narcotráfico y expone una acusación directa: Ecuador está enfrentando solo a los carteles mientras otros países optan por políticas permisivas o poco firmes.
El anuncio no ocurre en el vacío. Coincide con un contexto regional marcado por el avance del crimen organizado transnacional y revive la polémica por la presencia del presidente colombiano Gustavo Petro en Manta, una de las ciudades más golpeadas por la violencia asociada al narcotráfico en la costa ecuatoriana.
Manta: puerto estratégico y símbolo del problema
Manta no es solo un punto turístico o comercial. En los últimos años se ha consolidado como un nodo clave para el narcotráfico internacional, utilizado para el envío de cargamentos de droga hacia Estados Unidos y Europa. Investigaciones judiciales y operativos de seguridad han evidenciado cómo redes criminales, con vínculos internacionales, se infiltraron en el puerto, empresas exportadoras y estructuras locales.
En ese escenario, la estadía de Petro en Manta —sin anuncios públicos de cooperación operativa concreta en materia de seguridad— fue interpretada por sectores políticos y de seguridad ecuatorianos como un gesto simbólicamente desafortunado, en una ciudad que representa el impacto directo del narcotráfico regional.
Colombia produce, Ecuador recibe el impacto
Colombia continúa siendo el principal productor mundial de cocaína. Las decisiones de política pública adoptadas por el gobierno de Petro, orientadas a reducir la confrontación directa con estructuras criminales y replantear la estrategia antidrogas, han sido cuestionadas dentro y fuera de su país.
Para Ecuador, el efecto es tangible: la droga, las armas y las redes criminales cruzan la frontera norte, mientras las Fuerzas Armadas y la Policía enfrentan a grupos armados ligados al narcotráfico sin una cooperación efectiva del lado colombiano, según ha denunciado el propio Gobierno.
“Las fuerzas armadas de Ecuador siguen enfrentando a grupos criminales atados al narcotráfico en la frontera sin cooperación alguna”, afirmó Noboa al anunciar la tasa de seguridad, subrayando la falta de reciprocidad en materia de control y acciones conjuntas.
El rol de México y la expansión de los carteles
El problema no se limita a Colombia. Ecuador también se ha convertido en escenario de disputa de carteles mexicanos, como Sinaloa y Jalisco Nueva Generación, que operan mediante alianzas con bandas locales. Analistas de seguridad advierten que la expansión de estas organizaciones responde, en parte, a políticas regionales que han evitado confrontaciones directas, permitiendo que los carteles diversifiquen rutas y territorios.
Esta dinámica ha convertido a Ecuador en un punto crítico del mapa criminal del Pacífico, donde confluyen la producción de droga en el norte y el poder logístico de organizaciones internacionales.
La tasa de seguridad: represalia económica y mensaje político
La medida anunciada por Noboa (30% de arancel por seguridad a todos los productos de Colombia) se justifica en dos ejes. El primero, la seguridad nacional: Ecuador enfrenta un conflicto armado interno, con altos costos en militarización, control portuario y operaciones contra el crimen organizado. El segundo, el desequilibrio comercial: el déficit comercial con Colombia supera los USD 1.000 millones anuales, según datos oficiales.
Desde el Ejecutivo, la tasa no es presentada como una guerra comercial, sino como una herramienta de presión políticaante la falta de corresponsabilidad regional. El mensaje es claro: si la cooperación en seguridad no llega por la vía diplomática, habrá consecuencias económicas.
Ecuador endurece su postura regional
La decisión de Noboa marca un cambio de tono en la política exterior ecuatoriana. Por primera vez, el país traslada el debate del narcotráfico al terreno comercial, evidenciando su inconformidad con un modelo regional en el que unos producen, otros permiten y Ecuador pone los muertos.
La polémica visita de Petro a Manta, la expansión de carteles mexicanos y la ausencia de una estrategia regional coordinada han terminado por empujar a Ecuador a tomar medidas unilaterales. En un escenario donde el narcotráfico no reconoce fronteras, el país busca dejar un mensaje contundente: la seguridad también tiene un costo, y Ecuador ya no está dispuesto a pagarlo solo.






