Diversos actores del sector tecnológico, educativo y social coinciden en la necesidad urgente de reducir la brecha de género en las disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), como parte fundamental del desarrollo económico, la innovación y la sostenibilidad en Centroamérica y el Caribe.
En América Latina y el Caribe, menos del 30% de las personas graduadas en carreras STEM son mujeres, con una participación aún menor en áreas como ingeniería, tecnologías de la información y matemáticas. En países de Centroamérica y El Caribe, esta proporción cae por debajo del 25%, lo que refleja una desigualdad persistente con consecuencias económicas y sociales relevantes.
Según datos del Programa PISA de la OCDE, aunque niñas y niños obtienen resultados similares en ciencias y matemáticas durante la educación básica, el interés de las niñas por las carreras STEM disminuye significativamente en la adolescencia, especialmente en áreas como tecnología e ingeniería. Esta tendencia se intensifica en zonas rurales, donde las brechas de conectividad, acceso educativo y normas socioculturales son más pronunciadas.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) señala que las mujeres enfrentan mayores barreras para acceder a empleos en el sector tecnológico y para desarrollar habilidades digitales avanzadas como programación, análisis de datos o inteligencia artificial.
Las niñas y adolescentes necesitan acercamientos tempranos, constantes y significativos a la ciencia y la tecnología. Este es un desafío que requiere acción coordinada desde múltiples frentes.
De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), reducir la brecha de género en STEM podría generar un impacto económico positivo significativo, al ampliar la base de talento calificado y fomentar soluciones más diversas a los desafíos globales.
Desde el sector tecnológico, empresas como la nuestra han reiterado su compromiso con el impulso de iniciativas que fomenten el acceso de más niñas y jóvenes a la formación digital, trabajando en colaboración con instituciones educativas, organizaciones sin fines de lucro y aliados estratégicos.
La innovación sostenible solo es posible si aprovechamos todo el potencial humano disponible. Promover entornos inclusivos en ciencia y tecnología es parte de ese camino.







