
La proforma del Presupuesto 2025 llegó a la Asamblea con una grieta de USD 5.625 millones (4,4% del PIB). El MEF defendió que es un “ejercicio referencial” y que el rojo podría achicarse con reformas en trámite y un crecimiento algo mejor al previsto. Pero, mientras tanto, el Gobierno de Daniel Noboa tendrá que responder tres preguntas incómodas: ¿con qué plata se financia? ¿qué recorta o reordena? ¿y cómo navega el costo político?
1) Financiamiento: quién pone el cheque
La proforma asume ingresos por USD 27.440 millones frente a gastos por USD 33.065 millones. Para cerrar la brecha, el oficialismo apuesta a nuevas fuentes: por ejemplo, el impuesto a dividendos incluido en el proyecto de Ley para el Control de Flujos Irregulares de Capitales, que el Ejecutivo envió con carácter económico urgente y que la Asamblea ya tramita. El MEF estima hasta USD 500 millones por esa vía, pero nada de eso puede contarse hasta que sea ley. Traducción: el financiamiento real dependerá de lo que salga del Pleno, no del Excel.
2) Supuestos: petróleo a 62,2 y ni una tos
El Gobierno calculó la proforma con petróleo a USD 62,2 el barril. Es un supuesto razonable, aunque sensible: una caída de precios o de producción presiona al fisco; una racha al alza ayuda. En las últimas semanas, las cotizaciones de referencia han rondado niveles algo superiores, pero volátiles. Cualquier desvío pega directo en caja y, con un déficit ya alto, el margen para errores es mínimo. El UniversoSWI swissinfo.chDatosmacro.com
3) Gasto: prioridades con candado y reformas impopulares
La propuesta blinda salud, educación y seguridad (incluye el +0,5% del PIB para salud), al tiempo que empuja el Plan Anual de Inversiones (energía, cárceles, equipamiento policial, infraestructura). El ajuste, por tanto, se traslada a otras partidas y a cambios de reglas. Entre ellos, el Decreto 83, que modifica la fórmula de cálculo de combustibles importados y abre espacio para reducir subsidios gradualmente, con el consabido riesgo político. El discurso es “eficiencia”; la calle escucha “alza”. Manejar esa tensión será clave para evitar que el ahorro fiscal se evapore en conflictividad.
4) Política pura y dura: 30 días, reloj en mano
La Asamblea tiene 30 días para pronunciarse. El Ejecutivo necesita votos para sus leyes económicas y, en paralelo, sostener la narrativa de “déficit menor al proyectado” si las reformas pasan y el crecimiento acompaña. Si el Legislativo diluye ingresos o posterga cambios, el Ministerio de Finanzas deberá optar por más deuda, más recortes o más impuestos. Ninguna es popular; todas son finitas.
El resumen sin anestesia
- El hueco es grande (4,4% del PIB) y el plan para taparlo depende de leyes que aún no existen y de petróleo obediente.
- Subsidios y combustibles: ajuste técnico en papeles, prueba política en la calle.
- Ventana de 30 días en la Asamblea: si no hay señales claras, el costo del financiamiento sube y el margen de maniobra baja.
Lo que viene para Noboa: tejer acuerdos para aprobar ingresos, sostener la reforma de subsidios sin incendios, y ejecutar rápido las prioridades (salud, seguridad, inversión) para mostrar resultados que legitimen el ajuste. El presupuesto no es sólo números: es gobernabilidad con calculadora.